La gaceta de la cabeza

El Cazador

January 27, 2006 cuentos

El aire que se respiraba estaba cargado con el olor de la sangre, por fin podía descansar, pues su sed había sido saciada una vez más. La luna roja daba un tono lúgubre a la noche, no se vislumbraba ninguna estrella en el cielo que parecía que estaba muerto y sin vida. La niebla no dejaba ver más allá de unos metros, y el callejón estaba sumergido en el silencio.

El vampiro aun se encontraba saboreando su cena, tenia el pelo rojizo, los ojos rojos, las uñas rojas, pero nada más rojo que sus colmillos. De pronto, sus orejas se pusieron enhiestas; había captado un sonido, y aunque no podía conocer de donde provenía sabía que no estaba solo, alguien lo observaba y si bien no tenía miedo, la presencia de aquel atrevido no le permitía comer cómodamente. Olfateó el aire buscando algún rastro del merodeador, pero al parecer el viento no estaba de su lado, y lo único que alcanzaba a percibir era el olor de su presa…

El reflejo de un metal, una espada!!!

El espectáculo era impresionante, ante sus pies se encontraban los restos de un ser que se decía inmortal, su vanidad lo había traicionado, y su falta de temor fue su muerte. No era el primer vampiro que mataba Axel, sin embargo, nunca había dejado de sentir repulsión al ver los cuerpos quemados de estos engendros de la noche.

Axel era un cazador, iniciado en las artes de matar vampiros por su padre. Era lo único que sabía hacer, matar, aunque a él nunca le había gustado el trabajo de su padre, era lo que conocía, era su modo de vida, y no sabía que existiera alguna otra manera de vivir más que matando a aquellos despreciables seres que tarde o temprano lo matarían a él.

Rápidamente se perdió en la noche, no le gustaba estar al descubierto, no sabía si era porque se lo habían enseñado o era meramente un instinto que había adquirido a la fuerza durante su dura vida.

Axel apenas tenía 17 años, pero era más diestro con la espada y hábil en sus movimientos de lo que su padre había sido en sus mejores días. Su fuerza era incomparable, y sus reflejos e instintos estaban siempre atentos a todo lo que pudiera pasar. Era un poco alto y tenia el pelo negro que contrastaba con sus ojos claros; sus facciones aunque de un joven mostraban mucha madurez, quizás por todo lo que había visto y experimentado.

A sus 17 años su vida no tenía mucho sentido, todo era un constante matar y esconderse para matar de nuevo al día siguiente.

Su padre todo lo resolvía con la punta de su espada; pero él había aprendido que aún en esos tiempos de locos, el razonamiento, la habilidad y la inteligencia valían más que la fuerza y una buena espada.

De los vampiros se decían muchas cosas: que no dormían ni descansaban jamás, que no podían soportar la luz del día, que se alimentaban de sangre humana, que tenían una gran fuerza y habilidad, que podían volar, que se organizaban por clanes y que a veces peleaban entre ellos; que no tenían sentimientos y que eran inmortales. Él sabía que no todo era cierto: eran mortales, una muerte después de la muerte se apoderaba de ellos cuando empuñaba su espada plateada y les atravesaba el corazón. Su vanidad, su ausencia de sentimientos era su peor enemigo, cientos de veces había visto la mirada incrédula de un vampiro cuando sentía como la muerte le atravesaba el corazón. Ellos se creían superiores, que podían romper las reglas dictadas por la naturaleza; pero él sabía que nada de esto era cierto.

El vampiro que acababa de asesinar era parte de un clan que había estado siguiendo. “Lobo Blanco”, últimamente su numero había aumentado al igual que su sed de poder, ellos mismos habían acabado con otros clanes. Eso fue antes de que Axel los descubriera, ahora estaban escondidos, temerosos decía él, porque su inmortalidad se veía amenazada por un ser inferior al que ellos no conocían.

Finalmente Axel se entregó al sueño al estar seguro de que nadie lo había seguido hasta su escondite en el templo del pueblo, además, confiaba en que durmiendo por la mañana ningún vampiro se atrevería a salir para buscarlo.

“La oscuridad se cernió ante él y sintió como si alguien hubiera caminado sobre su tumba, pudiera haber sido el mismo. De pronto, se encontraba de nuevo en el callejón, y el vampiro se encontraba parado ante él con una expresión de dolor en sus ojos. Tenía un cuchillo de plata ante el listo para que cualquier persona se lo clavara, una muerte en vida era lo que este hijo de la noche sufría día con día, no había razón para hacerlo sufrir más enviándolo a una muerte después de la muerte. Ahora lo comprendía, se dio media vuelta y se alejó viendo una satisfacción en los ojos del vampiro, y este es alejó hacia la oscuridad que lo llamaba dejando tras de sí una parte de el, un rastro de esperanza.

De pronto, se giró al oír un zumbido solamente para ver como el cuchillo de plata se clavaba en un hueco previamente dispuesto para ello y que jamás había visto. Todo se volvió oscuro nuevamente y despertó bañado en un sudor frío y oyendo una voz que debió desaparecer junto con el sueño… Aprenderás!”

El atardecer era particularmente dulce ese día, hacía mucho que no disfrutaba de la vista de un solo ocultándose en el horizonte y de la brisa fresca que acompañaba al sol que se retiraba.

El sentimiento no duró mucho, había mucha maldad que exterminar.

El vampiro avanza pasillo abajo, observando la lobreguez ante él. No ve la oscura forma de Axel el cazador oculto en un hueco en la pared. Axel se desliza al pasillo y repta tras el monstruo. Mientras se prepara para lanzar un golpe mortal, su pie raspa contra la piedra del suelo. Las puntiagudas orejas del vampiro se ponen enhiestas. La bestia gira en redondo y arruina la posibilidad de Axel de apuñalarle por la espalda y lo que le queda de la noche.

Al despertar no veía nada, sus ojos se tuvieron que habituar un rato a la oscuridad de la cueva, infestada de olores horribles. No estaba amarrado, así que rápidamente se levanto y se pegó a la pared. No había rastros del vampiro, quien al parecer no tenía mucha hambre; comenzó a caminar sin separarse un palmo de la pared, casi sin respirar; el vampiro podría estar al otro lado del pasillo esperándolo para atacarlo; dio la vuelta en el pasillo y…

…Nada, sólo oscuridad. Según recordaba, la salida de la cueva estaba a tan sólo unos pasos de donde se encontraba, así que armándose de valor, sacó su espada, y se lanzó en una loca carrera al final del pasillo; corrió unos cuantos metros cuando de pronto escucho un sonido a su espalda, fue sólo un leve sonido, pero al darse la vuelta, Axel comprendió que correr no había sido la mejor decisión…

-¿Quién eres?- Preguntó el vampiro con una voz de ultratumba, los ojos del vampiro denotaban una inteligencia que Axel no había visto antes en un vampiro. –Un cazador- respondió Axel con la voz un tanto quebrada por el miedo de ver la imponente figura de aquel vampiro.

-¿Qué eres?- La pregunta de Axel era un tanto atrevida.

-¿Qué somos nosotros? ¿Los chicos malditos de Caín? ¿Los grotescos señores de la humanidad? ¿Las lamentosas criaturas del infierno?

Somos vampiros y eso es suficiente. Yo soy un vampiro, y eso es más que suficiente. Yo soy el que debe ser temido, respetado y adorado. El mundo es mío. Ahora y para siempre. Nadie tiene comando sobre mí. Ningún hombre, ningún dios, Ningún príncipe. ¿Qué es un clamor de edad para alguien que es inmortal? ¿Qué es un clamor de poder para alguien que desafía la muerte? Llámate, maldito, “cazador”. Veremos a quien me llevo gritando al Infierno conmigo.-

La respuesta era fuerte, con un tono de autoridad que le infundía un temor indescriptible. El vampiro se abalanzó sobre Axel, este respondió ágilmente más por instinto que nada, porque en ese momento no podía pensar claramente. El siguiente choque sería decisivo, el vampiro ahora sabía de las habilidades del cazador y no sería tan lento. Axel despejó su mente, centrado en lo que tenía que enfrentar: un ser “inmortal” que dispuesto a llevarlo con el hasta lo más profundo del infierno; su mayor temor lo perseguía, morir en las manos de su presa, de un vampiro, su vida no tendría sentido si moría aquí…

No hubo más momentos para meditar, no hubo titubeos; el vampiro se lanzó inmisericordemente directo al cuello de Axel mientras este blandía su espada buscando el corazón negro del vampiro.

La sangre corrió por el suelo, el brillo de la espada se vio opacado por un rojo vivo. El inmortal había encontrado la muerte, el ser superior había sido vencido por el inferior y Axel pudo vivir un día más para cazar de nuevo.


Joaquín Bravo Contreras

Joaquín Bravo Contreras es un desarrollador mexicano. Juega futbol cada que puede. Le gusta andar en bici y leer (cuando sus hijos lo dejan). Todavía cree en la buena voluntad de las personas.